Historia y Beneficios

LA DANZA DEL VIENTRE

ORÍGENES:

La danza oriental, conocida en occidente con el nombre de danza del vientre, se considera una de las más antiguas del mundo. Sus orígenes son inciertos, aunque algunos datos nos ayudan a remontar la historia de este arte milenario.

Una versión sitúa el origen de esta danza en la antigua Grecia, en una época donde nuestros antepasados intentaban comprender y representar a través del baile, los aspectos de la vida humana: la naturaleza, el misterio de la vida, el nacimiento, la muerte y los ciclos de fertilidad. Otra versión sitúa su origen en el antiguo Egipto(a causa del esplendor que alcanzó en esta región), lo seguro es que las antiguas culturas del Mediterráneo realizaban rituales de culto a la fecundidad.

El vientre femenino guardaba la vida y las mujeres tenían el poder de perpetuar la especie. La maternidad era atribuida a manifestaciones divinas y los bailes se realizaban en honor a las diosas de la fertilidad (Isis en Egipto, Afrodita en Grecia,…); las mujeres sacerdotisas bailaban en los rituales sagrados haciendo movimientos ondulatorios, circulares y rítmicos que celebraban la vida y simbolizaban sus ciclos. En esa época la danza sólo se bailaba en los templos religiosos pero con el tiempo se fue incorporando a las festividades populares y fue trasmitida de generación en generación.

Fue el pueblo árabe el que se encargó de difundir la danza oriental por todo el mundo, después de incorporarla a su cultura y llegó a occidente en el siglo XIX. Tiene numerosos nombres: Raks-Sharki en árabe (“danza oriental”), Danse du Ventre en francés, de donde viene Danza del Vientre en castellano, BellyDance en inglés, etc.

Pese a lo común que es el relacionar esta danza con el mundo exótico i erótico de los antiguos harenes, es importante resaltar que no se trata de una danza sexual, sino que esta danza es un medio idóneo que proporciona unidad entre el cuerpo y el espíritu, como exaltación de la parte femenina de la naturaleza.

La bailarina es la intérprete de este arte y cuando baila no debe olvidar sus raíces y el carácter sagrado de esta danza.

La danza oriental se basa en movimientos suaves y ondulatorios (lunares) combinados con vibraciones y movimientos más marcados (solares) cuya práctica produce una toma de conciencia corporal, interiorizando la energía de la vida y dando lugar al auto conocimiento del cuerpo y al crecimiento personal.

Todo el cuerpo participa en el movimiento aunque la mayor parte se localiza en las caderas y la pelvis, basado en la disociación de movimientos, aprendiendo a aislar las distintas partes del cuerpo para crear figuras distintas.

Se corrige la postura, con la espalda recta y la cabeza alta, la bailarina crece psicológicamente. Con la práctica se logra un movimiento “limpio” y puro. Los brazos y las manos son un elemento vital en esta danza, creando una armonía con el resto del cuerpo y los pies descalzos para tomar contacto con la tierra.

La danza oriental desarrolla las posibilidades expresivas del cuerpo de una manera suave y sutil, descubrirla es tan sencillo como el despertar a la música, basada en ritmos de percusión, nos hace retomar nuestro origen y reconoce en nosotras la sabiduría del hombre antiguo que el hombre moderno ha olvidado: escuchar el lenguaje corporal y nuestra comunicación con la madre Tierra.

Esta danza servía para adorar la parte femenina de los dioses de la naturaleza, la relacionada con la belleza, la intuición, la sensualidad, la fecundidad y la concepción.

En la antigua Grecia se realizaban danzas basadas en la rotación de las caderas, en honor a las diosas relacionadas con los ciclos vitales como Afrodita, Deméter o Perséfone, las mujeres realizaban danzas rituales acompañadas de cantos y música (las ménades griegas bailaban en honor a los dioses más populares y relacionados con la fertilidad, la naturaleza y la agricultura).

Desde sus orígenes esta danza juega con la energía que procede de las caderas y de los órganos internos de la mujer, de la magia de su vientre. Por ello el vientre de la mujer es sagrado y sus movimientos divinos.

“en las caderas de la mujer se mecen las estrellas”.


 

BENEFICIOS de LA DANZA DEL VIENTRE:

La danza oriental conecta a la mujer con su cuerpo y desarrolla sus posibilidades expresivas. Toma conciencia de su feminidad y su fuerza, mediante movimientos específicos de la región pélvica, abdominales y respiración, se trabajan los órganos internos, ayudando a descubrir el placer de ser mujer y disminuyendo los dolores menstruales, regulando la menstruación y mejorando los síntomas de la menopausia. Favorece la elasticidad del tejido abdominal y como en su origen prepara para la fertilidad con la estimulación de los músculos pélvicos. Ayuda en el alumbramiento al estimular el nacimiento aliviando el dolor y ayudando al bebé al dilatar el útero y previene futuros problemas femeninos; ayuda al cuerpo a recuperarse tras el parto de una manera no agresiva para el dañado suelo pélvico. La danza durante el parto es habitual en muchas culturas, aliviando las contracciones y no yendo en contra de ellas. Mejora las relaciones sexuales. Trabaja todo el cuerpo: muslos, glúteos y vientre se contraen fortaleciendo su musculatura y moldeando la figura sin esfuerzos bruscos, por lo que está indicada para cualquier persona, sea cual sea su edad y condición física (no se requiere una estructura corporal determinada como ocurre en otras danzas como por ejemplo la clásica).

Aporta una gran movilidad articular de las zonas lumbar, cervical y cintura escapular, evitando la rigidez de las articulaciones y fortaleciendo los huesos. También favorece la flexibilidad y la coordinación, aumentando el poder de concentración y contribuye a conseguir una postura correcta y una adecuada colocación de la espalda. Mejora la circulación sanguínea, deshincha el cuerpo de líquidos, quema grasa, elimina la incontinencia urinaria y mejora el tránsito intestinal así como el trabajo cardiovascular, retrasa el envejecimiento

Funciona como una terapia mental ya que al entrar en contacto con el cuerpo se produce un desbloqueo psicológico, que contribuye a despertar el amor propio. Es por ello que la práctica regular ayuda con el tiempo a vencer inhibiciones y timidez y a aceptar el cuerpo tal y como es. A diferencia de otros ejercicios, como los aeróbicos, donde la energía se proyecta hacia el exterior con el fin de lograr una buena imagen personal, en la danza oriental se trabaja hacia el interior, de forma que la belleza física nace como una consecuencia y no como una finalidad. Elimina de forma natural el aburrimiento y la pereza. Proporciona equilibrio emocional, elegancia de movimiento y creatividad. Permite desconectar de las tensiones y problemas cotidianos.

El cine norteamericano la presentó como “la danza de los siete velos”, identificándola como un símbolo sexual e influyendo en su visión negativa, ya que a pesar de su tremenda sensualidad no es una danza sexual. Sino que manifiesta un profundo sentimiento de comunicación entre la música y el movimiento, dando lugar a que la bailarina se encuentre consigo misma. Por su gran fuerza espiritual es considerada una danza mágica, incluso hechizante.

No existe edad, peso o medidas para iniciarse en la danza oriental, el único requisito es ser mujer.

La danza oriental es una oportunidad única para la mujer de conocerse a sí misma y rescatar los orígenes sagrados y sensuales de la feminidad.



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