Mitología I

DIONISO

 

Dioniso, llamado también Baco, es el dios de la viña, del vino y del delirio místico. Su leyenda es compleja, porque une elementos diversos tomados de Grecia y de paises orientales de Asia.

Dioniso es hijo de Zeus y de Sémele, pertenece a la 2ª generación de los olímpicos como Hermes, Apolo, Ártemis, etc. Sémele, amante de Zeus, le pidió que se le mostrase en todo su poder y Zeus lo hizo para complacer a su amante, lo que la hizo caer fulminada al no poder resistirlo. Zeus se apresuró a extraer el hijo que llevaba en su vientre en el sexto mes de gestación y lo cosió en seguida a su muslo y al llegar el momento del parto lo sacó vivo y perfectamente formado.

Era el pequeño Dioniso, el dios “nacido dos veces”. El niño fue confiado a Hermes que encargó su crianza al rey de Orcómeno, Atamante y su esposa Ino. Les ordenó que revistiesen a la criatura con ropas femeninas para burlar los celos de Hera, esposa de Zeus, que buscaba la perdición del niño, fruto de los amores adúlteros de su marido. Pero Hera no se dejó engañar y volvió loca a Ino y a Atamante. En vista de ello, Zeus se llevó a Dioniso lejos de Grecia y lo entregó a las ninfas de aquellas tierras para que lo criasen. Para evitar que Hera lo reconociese lo convirtió en cabrito.

Ya adulto, Dioniso descubrió la vid y su utilidad. Pero Hera lo enloqueció, y en estado de locura andó el dios errante por Egipto y Siria. Remontando las costas de Asia, llegó a Frigia, donde lo recibió la diosa Cibeles, que lo purificó e inició los ritos de su culto. Curado ya de su locura, Dioniso se trasladó a Tracia, donde fue mal acogido por el rey Licurgo que intentó tomar al dios como prisionero pero no lo consiguió ya que el dios se refugió al lado de la nereida Tetis. Pero Licurgo pudo capturar a las ménades que escoltaban a Dioniso; éstas fueron liberadas milagrosamente y Licurgo se volvió loco. Creyendo que destruía la vid, la planata sagrada de su enemigo, se cortó la pierna y las extremidades de su hijo. Cuando volvió a la razón, se dio cuenta de que sobre su país se había abatido el azote de la esterilidad. Consultó el oráculo y éste le dijo que la cólera de Dioniso no se calmaría hasta que le diese muerte, y así lo hicieron sus súbditos que lo descuartizaron atándolo a cuatro caballos.

Desde Tracia, Dioniso pasó a la India, país que conquistó en una expedición mitad guerrera, mitad divina. En esta época parece que tomó su origen el cortejo triunfal con el que se acompaña Dioniso: el carro tirado por panteras y adornados con pámpanos y hiedra, los silenos y las ménades, los sátiros y otras divinidades menores.

De vuelta a Grecia, Dioniso se dirigió a Beocia, de donde era su madre. En Tebas, donde reinaba Penteo, introdujo las Bacanales, las fiestas de Dioniso, en las que todo el pueblo y especialmente las mujeres, era presa del delirio místico y recorría el campo profiriendo gritos rituales. El rey se opuso a la introducción en su país de estos ritos y fue castigado por ello, al igual que su madre, Ágave, hermana de Sémele. Ágave en pleno delirio lo descuartizó con sus propias manos. En Argos, donde fue Dioniso a continuación, puso de manifiesto su poder de manera análoga enloqueciendo a las hijas del rey y a las mujeres del país, que recorrieron la campiña mugiendo como si fuesen vacas y llegando en su delirio a devorar a sus propios hijos.

Después el dios quiso ir a Naxos, para lo que contrató los servicios de unos piratas que lo llevaran a la isla. Pero los piratas, fingiendo aceptar el trato, pusieron rumbo a Asia para venderlo como esclavo. Cuando Dioniso se dio cuenta convirtió los remos en serpientes, hizo crecer la hiedra por el barco y hizo sonar flautas invisibles, paralizando el barco entre un enramado de parra. Los piratas enloquecieron y se lanzaron al mar convirtiéndose en delfines (ésto explica que los delfines sean amigos de los hombres y se esfuercen en salvarlos en los naufragios, pues son piratas arrepentidos). En este momento el poder de Dioniso fue reconocido por todo el mundo y pudo ascender al Olimpo, terminada ya su misión en la tierra e implantado su culto por doquier.

En la isla de Naxos, Dioniso encontró a Ariadna que había sido abandonada por Teseo, la cual fue su único amor.

Los iniciados en los ritos dionisíacos tenían la costumbre de coronarse la frente con mirto y su insignia ordinaria era el tirso, una larga vara adornada con hiedra.

 

Dioniso, dios del vino y de la inspiración, era festejado mediante procesiones en las que figuraban, evocados por máscaras, los genios de la Tierra y la fecundidad. De estos cortejos se originaron las representaciones del teatro, la comedia, la tragedia y el drama satírico, que fue el que conservó por más tiempo la huella de su origen. En la época romana, a partir del siglo II a.C., los Misterios de Dioniso, con su carácter licencioso y orgiástico, penetraron en Italia. El senado romano hubo de prohibir la celebración de las Bacanales en el 186 a.C. Pero las sectas místicas siguieron guardando la tradición dionisíaca.

 

 

MÉNADES:

 

Las ménades, es decir, las “mujeres posesas”, son las bacantes divinas que siguen a Dioniso. Son representadas desnudas o vestidas con ligeros velos, llevan coronas de hiedra y un tirso en la mano, a veces un cántaro; y tocan la doble flauta o el tamboril entregándose a una violenta danza.

Las ménades son la personificación de los espíritus orgiásticos de la Naturaleza. En la leyenda, las primeras ménades fueron las ninfas que criaron al dios. Poseídas por éste, que les inspira una locura mística, corren por el campo, extrayendo agua de las fuentes con la idea de que es miel o leche. Sus juegos son imitados por las bacantes humanas, las mujeres que se entregan al culto de Dioniso: ejercen dominio sobre las fieras, por ejemplo, se las ve cabalgando panteras, etc…

 

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